martes 27 de noviembre de 2007

Araña

Cada día cuando voy al lavabo de la oficina me encuentro con una pequeña araña. Está justo entre el marco de la ventana y la pared. Y siempre en la misma posición. Es de un color claro, pálido. Y le he cogido simpatía. No sé si está muerta y asisto diariamente a su proceso de descomposición, pero no me atrevo a soplar y romper así esta especie de ritual que es saludarla cada vez que voy a miccionar (mear quedaría vulgar, orinar es repipi, muy de decir pompis en vez de culo, y miccionar suena como muy pradista, y me mola –solemne tontería-). Expelo naturalmente la orina y la miro. La miro y expelo naturalmente la orina. Imagino que mis ojos son un microscopio. Aumento la lente y la veo más cerca. Aumento de nuevo y observo los pelillos de sus patas. Vuelvo a agrandar y uno de sus ojos llena toda mi visión. Amplío y estoy dentro de su ojo. Ahora me veo a mi mismo expeler naturalmente la orina desde dentro de la araña. No es una imagen muy reconfortante, os lo aseguro. Vislumbro desde mi minúscula posición los movimientos y las caras que pongo mientras el líquido golpea la porcelana del retrete. Cierro los ojos y me apoyó en la consola de mandos en que se ha convertido el ojo de la araña, como si estuviera en una nave nodriza. Los abro y me sobresalto al ver acercarse mi gigantesca mano al tirador del depósito. Caigo de culo y, al levantarme, el interior del ojo de la araña se ha convertido en un bosque de dibujos animados a lo Jackie y Nuca, pero sigo viendo por el ventanal el triste cuarto de baño del despacho. ¡Horror! ¡Un señor de tez cetrina y aspecto adusto entra en el servicio encorvado y abrazándose el vientre con las manos! ¡Echa el pestillo y con pequeños saltitos se empieza a desatar nerviosamente el cinturón! ¡Se baja los pantalones, me da la espalda y…!!!! Menos mal, la araña ha cerrado los ojos. Cuando los ha vuelto abrir el hombre ya no estaba. Su olor excrementicio sí. ¡¡Uuuuooooaaaaaa!! Una fuerza me succiona hacia el interior de la araña. ¡Ecs! Estoy en sus glándulas secretoras. Me envuelve en su tela de los pies a la cabeza. De su abdomen me echa fuera y colgado de un hilo me posa suavemente en el suelo del lavabo… convertido en un auténtico capullo de seda.

viernes 23 de noviembre de 2007

Comida triste

Por motivos de trabajo, el miércoles me tuve que quedar a comer en el centro. Había decidido ir al Bocatta a por un bocadillo para ir más rápido, pero justo enfrente del portal de la oficina hay una crepería, y para ir al Bocatta paso por delante. Así que, cuando me dirigía a por el melindre, me lo repensé y me senté a esperar unas crepes. La oferta era una salada, una dulce, bebida y café por tantos euros. Es un establecimiento pequeño, de seis, siete mesas y solo un par para cuatro personas, las demás son para dos, una persona. Pero no había nadie. Nadie. Era el único cliente. Incluso, al entrar, pregunté si estaba abierto, porque vi a uno de los supuestos encargados sacando un adorno navideño de una bolsa para posarlo enfrente del ventanal que da a la calle, y pensé que quizás hubiesen cerrado al público. No, no, pasa, pasa, me dijo otro chico que parecía también encargado, pero menos. Fue el que me atendió. Y completaban la tripulación, un cocinero y una camarera. Cuatro personas a mi disposición. En ese momento era Anthony Soprano, el boss de Jersey, USA. Pero todas estas ínfulas megalómanas se disiparon en el momento en que me sirvieron la coca-cola light después de pedir una crepe de espinacas y brie y otra de dulce de leche. Café no tomo. Era muy triste. El cocinero aún se distraía preparándome la comida, pero la camarera estaba detrás de la barra haciendo repaso mental de lo que haría al acabar su jornada y su expresión era aburrida. El encargado 2 sentado en un taburete de la barra con la mirada perdida más allá de la calle con un brillo de nostalgia, quizás deseando estar revolcándose en La playa con Leonardo di Caprio. Y el encargado 1 sentado a mi lado, mirando el techo a ver si allí le cabrían las cenefas navideñas. Y yo, haciendo limpieza de sms porque no había cogido el libro. Hasta que me paré a escuchar el hilo musical. Jazz de night club, con voz femenina, donde van los desesperados insomnes enfermos de desamor a emborracharse a base de straight scotch on the rocks. En ese momento entró otra chica, se sentó dos mesas a mi izquierda y se puso a mirar la carta. Y eché de menos los mediodías en casa. Y me puse triste. Y la oscuridad se apoderó de la crepería. Y un foco de detrás de mí iluminó a la camarera de detrás de la barra. Y se convirtió en Rebekah del Río. Y cantó…


canción que aparece en la banda sonora de mullholland drive, david lynch

lunes 19 de noviembre de 2007

...y blogger fue mi cupido...

Pues sí, damas y caballeros, así de insólito y así de simple. Gracias a blogger estoy conviviendo felizmente en Barcelona con una moza y su hija de seis años que se hallaban en Madrid.

[Fundido y… se ve el cielo desde los tejados del barrio gótico]

Corría el mes de septiembre de 2006, me encontraba paseando por la calle avinyó, haciendo tiempo mientras esperaba a una amiga, y me topé con una tienda de nombre muy parecido al de un blog que conocía y comentaba, y cuya autora también me comentaba a mí. La relación no pasaba de allí, pero me caía bien la chica y decidí hacerle una foto con el móvil al letrero de la tienda y enviárselo por e-mail. De este primer mensaje, derivaron otros, de los correos al messenger, del messenger al teléfono, del teléfono al “me bajó un fin de semana a Madrid a ver qué pasa…” y del “a ver qué pasa” a abonarme al puente aéreo para acabar cambiándome de piso para irme a vivir con “los dos tesoros” de mi suegra.

Escrito así puede parecer que haya sido todo muy natural, pues así ha sido, muy natural. Y qué siga.

¡Ah! Y empiezo blog nuevo…

La foto: