Sentado a una mesa con la barbilla sobre la palma de la mano, el tupé ladeado de color castaño, el mohín de determinación burlona, el aire de bohemio conspicuo. ¿Y entonces? A una importante porción de viejecitas se les depara el sino de acabar convertidas en viejecitos: hombrecillos decrépitos con bragas y camisolas. Menos frecuente es que se dé el proceso inverso, pero allí estaba Ananías, una hembra decrépita con traje y corbata. Una gallina vieja y correosa con calcetines con ligas y zapatos de hombre de cuero negro. Hasta los hombros, rígidos y retraídos, eran femeninos. También mostraba ese dinamismo que algunos dicen admirar en las señoras entradas en años. Sólo en las frondas boscosas de las cejas se percibían las cargas y los cálculos del hombre.
pág. 188. La Casa de los encuentros. Martin Amis. Anagrama.
jueves 22 de mayo de 2008
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6 combates por ko:
uy, me ha dao un poquito de mal rollo...
La escena me ha recordado una peli, (de la que no recuerdo el nombre), unos viejecitos se bañan en un piscina en donde ha caído algo de otro planeta y salen rejuvenecidos...Ya sabes yo he de ponerle a todo lo que tu me dices mi lado naif ;-)
Sólo en las cejas se percibían las cargas y los cálculos del hombre? Eso es que no se las depilaba?
Empiezo una nueva etapa en el apasionante mundo del trabajo con la tercera edad.
Te paso los informes de g�nero a ti, o directos a Martin??
Menos mal que el texto no es tuyo, me iba preguntando a qué bares ibas a inspirarte!!!
Vaya con Martin Amis. Esa vieja era una lesbiana frustrada. Seguro.
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